Hola, soy David. Y no, no soy médico.
Ni nutricionista, ni entrenador personal, ni ningún tipo de experto con título colgado en la pared. Soy alguien que lleva años obsesionado con entender cómo funciona su cuerpo y que, a base de leer, probar, equivocarse y volver a intentarlo, ha conseguido sentirse mejor que nunca con cuarenta y pico años.
Eso es todo. Y precisamente por eso estoy aquí.
De dónde vengo
Hubo una época en mi vida en la que pensaba que cuidarse era cosa de gente con demasiado tiempo libre o de esos que publican fotos de ensaladas en Instagram. Yo comía lo que pillaba, dormía mal, tenía el estrés como compañero permanente y me decía a mí mismo que ya lo arreglaría «cuando tuviera un momento».
Ese momento nunca llegaba solo. Tuve que ir a buscarlo.
No fue un despertar dramático ni una enfermedad que me cambiara la vida. Fue algo más silencioso: un día me miré al espejo y simplemente no me gustó cómo me sentía por dentro. No hablo solo del físico. Hablo de esa sensación de ir por la vida con el motor a medio gas. Cansado sin motivo, irritable, sin energía para las cosas que me gustaban.
Ahí empezó todo.
Cómo es mi día a día
Me levanto sin alarma cuando puedo, aunque reconozco que no siempre es posible. Lo primero que hago no es mirar el móvil, sino tomarme diez minutos de silencio con un café o simplemente sentado. Parece una tontería, pero ese pequeño hábito cambió cómo arranco el día.
Con la alimentación aprendí a dejar de complicarme. No sigo ninguna dieta con nombre propio de forma estricta. Sí practico el ayuno intermitente en versión 16/8 la mayoría de días, no porque sea la solución mágica para todo, sino porque me funciona a mí. Me siento más claro mentalmente por las mañanas, tengo menos ansiedad hacia la comida y no pienso en qué voy a comer cada tres horas.
Mis comidas son simples: proteína, verdura, algo de grasa buena y carbohidratos cuando los necesito. Sin obsesiones, sin contar calorías al gramo. Hay días que como mejor y días que como peor. La diferencia con antes es que ya no me castigo por ello.
En cuanto al ejercicio, no soy de los que se matan en el gimnasio dos horas al día. Hago pesas tres o cuatro veces por semana, camino bastante y cuando el tiempo acompaña, intento estar fuera. El movimiento para mí no es un castigo por lo que comí, sino algo que me recarga.
Lo que más me ha costado entender
Que la salud no es solo lo que pones en el plato o las horas que entrenas.
Durante mucho tiempo me centré solo en la parte física y me preguntaba por qué no me sentía del todo bien. Hasta que empecé a prestar atención al sueño, al estrés, a las relaciones, al tiempo de pantalla, a cómo gestionaba las emociones. Ahí fue cuando todo empezó a cuadrar de verdad.
Ahora entiendo la salud como un sistema. Si una parte falla, las demás lo notan. No puedes entrenar como una máquina si duermes cuatro horas. No puedes comer perfectamente si vives con la ansiedad por las nubes. Todo está conectado.
Por qué escribo esto
No escribo para darte recetas perfectas ni para decirte lo que tienes que hacer. Escribo porque me hubiera gustado encontrar un sitio así cuando yo empecé: alguien que hablara claro, sin vender humo, sin promesas imposibles y sin hacerte sentir que si no lo haces todo perfecto, no vale la pena intentarlo.
Todo lo que encuentras aquí viene de mi experiencia. De cosas que he probado, que me han funcionado o que me han salido mal. De libros que me han abierto la cabeza, de expertos a los que he escuchado y de mi propio cuerpo, que con el tiempo he aprendido a entender un poco mejor.
Si estás empezando, bienvenido. No necesitas hacerlo todo a la vez. Solo empezar.
David — fundador de KTA
Lo que más me ha costado entender